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«Desde mi Paraíso»

Es una propuesta artística que se configura como una cosmogonía personal, donde el surrealismo y la memoria actúan como herramientas de resistencia. El proyecto nace de una revelación onírica que busca rescatar la herencia iconográfica del catolicismo de la infancia para transformarla en un lenguaje plástico contemporáneo capaz de interpelar la realidad.
En ella utilizo la estética de las «Madonas» y las ascensiones no para fines religiosos, sino para dignificar temas profundamente humanos: desde la maternidad en zonas de conflicto hasta la denuncia del abuso de poder.
A lo largo de toda la muestra, la fauna cumple un rol narrativo vital. Mientras que los perros y águilas representan lealtad y visión , los chulos (aves carroñeras) e hienas simbolizan la depredación institucional y la desidia. Por otro lado, el ave multicolor actúa como un puente místico entre la vida y la tragedia.
A través de una serie de obras que transitan entre lo sublime y lo crítico, establezco el «paraíso» no como un lugar donde desaparecen las preocupaciones y se experimenta la paz definitiva, sino como uno de poder y pensamiento propio desde el cual observar las dualidades del entorno: la lealtad y el instinto, la protección y el engaño, la abundancia y la exclusión..

Mi obra se articula en torno a tres pilares fundamentales:
• La Construcción del Refugio:
Es decir, como artista me sitúo como cronista de mi propio universo, donde la inspiración desciende como un suministro vital y el taller se eleva sobre las nubes para procesar la vida.
• La Crítica a la Indiferencia y el Poder:
Mediante la sátira y el uso de símbolos absurdos —como un plátano adherido a un muro colonial o figuras icónicas del humor colombiano—, mi proyecto denuncia la fractura social, el clasismo y la permanencia de jerarquías coloniales que han perdurado por más de 500 años.
• La Dignificación de la Tragedia:
Através de mi obra utilizo la solemnidad del arte sacro para dar visibilidad a realidades dolorosas como el desplazamiento forzado, el abuso de poder y la violencia estructural, transformando el arrullo materno en un testimonio de supervivencia frente al fuego.
En última instancia, «Desde mi Paraíso» propone que el arte es la escala que permite al espectador entrar y salir de su propio subconsciente para cuestionar su papel en la sociedad. Es una invitación a mirar más allá de la superficie pictórica y descubrir que, incluso en medio de la tragedia, persiste una belleza etérea y solidaria que sostiene la esperanza.

Desde mi paraíso.
Tecnica: Oleo sobre lienzo.
Dimensiones: 120 x 100 cms.

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La obra «Desde mi paraíso» no es solo una imagen pictórica; es el manifiesto fundacional de una cosmogonía personal. Nacida de la profundidad del sueño, esta pieza actúa como el «Big Bang» creativo que da origen a la muestra homónima, estableciendo un puente entre la herencia iconográfica del catolicismo de la infancia y la libertad interpretativa del surrealismo contemporáneo.
En el centro de la composición, una figura femenina se erige sobre una nube que desafía la gravedad, rodeada por una guardia de afectos: sus mascotas y un águila majestuosa. Esta iconografía, que remite inevitablemente a la ascensión y a la gloria celestial de la tradición religiosa, es reinterpretada como un refugio seguro. Aquí, el «paraíso» deja de ser una promesa dogmática para convertirse en un escenario de resistencia artística.

La presencia de una figura masculina en la parte superior, capturada en el acto de entrar o salir a través de una escalera introduce la noción del umbral. Puede que sea yo mismo —o quizás el espectador— en el proceso de descubrimiento y colonización de su propio subconsciente. Esta escalera simboliza la transición entre la vigilia y el sueño, entre el mundo material y la libertad del pensamiento pictórico.

Bajo la pátina de ensueño y colores vibrantes, subyace una intención profunda: utilizar este paraíso como un lente para observar el mundo real. La obra funciona como un filtro estético que me permite procesar y mostrar, de manera sutil pero honesta, las dualidades de su entorno.
«Desde mi paraíso» es, en última instancia, el lugar donde el pensamiento artístico nace libre de ataduras. Es la invitación a mirar la realidad no como es, sino como puede ser comprendida a través del velo de la imaginación, transformando las vivencias de toda una vida en un territorio de paz, cuestionamiento y belleza eterna.

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Titulo: Llegó la musa
Tecnica: Oleo sobre lienzo.
Medidas: 120 X 100 cms.
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«Llegó la musa» no es solo una obra, es el acta de nacimiento de la muestra «Desde mi paraíso». Este autorretrato, nos permite ser testigos del instante sagrado de la inspiración, ese momento en que el pensamiento abstracto comienza a materializarse en el plano pictórico.

Sentado sobre el terreno de mi propio paraíso, yo, como artista, me represento en una actitud de humilde recepción. Al tomar apuntes, dejo de ser solo el creador para convertirme en el cronista de mi propio universo. A mis pies, la presencia del perro reafirma una constante en mi obra: la dualidad hombre-animal, una alianza que simboliza la lealtad, el instinto y la conexión terrenal que equilibra lo etéreo de mis visiones.

A diferencia de la musa clásica, el personaje que desciende de los cielos cargado de víveres y vida no es una entidad ajena; pertenece estrictamente al universo iconográfico de este paraiso. Su aparición marca el inicio de este «surreal proyecto», estableciendo una jerarquía donde la inspiración es vista como un suministro vital, un equipaje de imágenes y afectos que está listo para registrar.

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Titulo: La Vendedora de Frutas:
Tecnica: OLeo sobre ienzo.
Dimensiones: 120 x 100 cms.
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En la geografía de «Desde mi paraíso», el trabajo y el sustento no pertenecen a la lógica de la gravedad terrenal, sino a una dinámica de magia y cooperación. «La vendedora de frutas» es una de las figuras centrales de este universo, un personaje que encarna la abundancia y la protección en medio de un cielo que fluye.

La obra nos presenta una escena de levitación donde la figura femenina fluye con el viento. Su vestido, transformado en una extensión orgánica y dinámica, no solo la envuelve, sino que se convierte en el vehículo que transporta los frutos de este edén. Esta mujer carga simultáneamente con la vida —su hijo en brazos— y con el alimento, sugiriendo una visión de la maternidad y el trabajo como actos de equilibrio sagrado.

Un elemento distintivo de esta pieza es la participación activa de la fauna del paraíso. Los pájaros no son simples acompañantes; son colaboradores esenciales que, con picos y patas, ayudan a sostener la carga. Esta interacción refuerza la dualidad y armonía entre lo humano y lo animal que recorre toda la muestra, elevando el acto de «vender» o «proveer» a una categoría de ritual colectivo y sobrenatural.
A través de pinceladas que enfatizan el dinamismo de las telas y la luz entre las nubes, consolido un pensamiento artístico: un mundo real transformado por la sutileza de lo fantástico. La vendedora es, en esencia, un puente entre el paraíso como concepto y el paraíso como lugar habitado, donde el esfuerzo diario se tiñe de una belleza etérea y solidaria.

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Titulo: Mujer del paraíso.
Tecnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 2 mts X 1.8 mts.
Año: 2025.
mujer con frutas y flores

En la geografía emocional de «Desde mi paraíso», la grandeza no solo reside en lo místico o lo épico, sino en la presencia silente de aquellos que sostienen la vida día tras día. Estas cuatro obras pictóricas nos presentan a los personajes comunes de este universo: figuras que habitan el paraíso con una normalidad conmovedora, recordándonos que lo sagrado también se encuentra en el oficio y el afecto.
Aunque a menudo son los «personajes olvidados» en las grandes narrativas, en esta muestra son reconocidos como motores vitales de la existencia. Desde esta perspeciva, utilizo la delicadeza de la acuarela y el óleo para dotar de una luz etérea a tareas que, en el mundo material, suelen ser invisibles:

Estas obras funcionan como el pulso del proyecto. Mientras otras piezas exploran la crítica social o la revelación onírica, estas nos devuelven a la esencia humana: la madre, la trabajadora, la proveedora.
«Son los personajes olvidados, pero vitales; aquellos que aseguran que en este paraíso se viva normalmente, elevando lo cotidiano a una categoría de belleza eterna.»
A través de sus miradas serenas y su paso firme, invito a reconocer que su paraíso no es una utopía lejana, sino un territorio construido por la dignidad de quienes, con flores o frutos, mantienen encendida la chispa de la realidad.

 

Titulo: Vendedora de flores.
Tecnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 2 mts X 1.8 mts.
Año: 2025.
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Titulo: Mujer con niño y frutas
Tecnica: Acuarela
Dimensiones: 2 mts X 1.8
mujer con niño y canasta de frutas

Representa el equilibrio perfecto entre el sustento y el cuidado. Esta figura encarna la abundancia del paraíso, no como una riqueza acumulada, sino como el acto generoso de proveer alimento y protección simultáneamente.

 

Titulo: Mujer con flores
Tecnica: Acuarela
Dimensiones: 2 mts X 1.8 mts.
Año: 2025.
mujer con flores

Una celebración de la belleza como parte del trabajo diario. Aquí, la carga no es pesada, sino vibrante; la mujer se convierte en un puente entre la naturaleza del paraíso y sus habitantes, transformando el acto de portar flores en un ritual de vida.

 

Titulo: Las cargadoras
Tecnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 2 mts X 1.8 mts.
Año: 2025.
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La obra nos sitúa en una escena que, a primera vista, parece rendir homenaje a la cotidianidad rural latinoamericana: dos mujeres y una niña avanzan con paso firme, cargando sobre sus cabezas una sobreabundancia de objetos que evocan la vida diaria —textiles, animales, utensilios— en una coreografía de resistencia y dignidad. Pero al acercarnos, la imagen se transforma. Lo que parecía una escena costumbrista se revela como una alegoría de la carga invisible que muchas mujeres latinoamericanas llevan: no solo el peso físico de la subsistencia, sino también el peso simbólico de la violencia, la ilegalidad y la supervivencia en territorios marcados por la exclusión.

Entre los objetos, aparecen armas, y la carga de la niña —aparentemente inocente— se vuelve inquietante, insinuando una complicidad forzada con dinámicas que exceden su edad y voluntad.

Las dos mujeres no solo sostienen sobre sus cabezas el peso de un mundo, sino que también llevan a sus hijos en brazos, como si la maternidad misma fuera parte de esa carga múltiple que nunca se abandona. Esta imagen amplifica el homenaje a la “berraquera” femenina: mujeres que avanzan sin detenerse, que cuidan mientras cargan, que sobreviven mientras sostienen la vida de otros.
La obra caricaturiza la exageración de las cargas para subrayar la fuerza descomunal de estas figuras, pero también para evidenciar el límite difuso entre lo heroico y lo trágico. En este “paraíso” latinoamericano, la frontera entre lo lícito y lo ilícito se desdibuja, y lo que podría ser una escena de belleza rural se convierte en una imagen de alerta ética.
La propuesta artística se sostiene en la ambigüedad: ¿es esta una celebración de la fortaleza femenina o una denuncia de las condiciones que obligan a esa fortaleza a convertirse en supervivencia extrema? La obra interpela al espectador desde lo visual y lo simbólico, obligándolo a mirar más allá de la superficie y preguntarnos qué historias se esconden en cada carga, en cada paso, en cada mirada.

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Titulo: Nos vamos de paseo mija…
Tecnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 2 mts X 1.8 mts.
Año: 2025.
nos vamos de paseo (1)

La obra propone una reflexión sobre la fragilidad de la infancia frente a las narrativas impuestas por el mundo adulto. A través de una estética onírica, se construye una ficción protectora que encubre una realidad dolorosa: el desplazamiento forzado. La figura materna, en su intento por preservar la inocencia de su hija, transforma la huida en un juego, el trauma en fantasía, el exilio en paseo
Este gesto revela una estrategia emocional profundamente humana: mentir para cuidar, disfrazar el horror para sostener la esperanza. La obra cuestiona los límites entre verdad y afecto, entre protección y engaño, entre belleza y violencia,

En ese cruce, emerge una crítica a los mecanismos de supervivencia en territorios marcados por el conflicto, donde incluso la ternura puede convertirse en una forma de resistencia.

La propuesta artística se sostiene en la ambigüedad ética y emocional. No busca representar el desplazamiento como tragedia explícita, sino como una coreografía silenciosa donde el dolor se camufla en colores suaves, animales fantásticos y gestos cotidianos. El espectador es invitado a mirar más allá de lo visible, a descubrir que en los paisajes más bellos también habita la huella del desarraigo.

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Titulo: Un banano en la pared.
Tecnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 2 mts X 1.8 mts.
Año: 2025.
un banano en la pared (1)

La obra plantea una crítica visual contundente sobre la fractura social y la indiferencia estructural que atraviesa nuestra región. A través de una composición dividida en dos planos —el balcón superior y el muro inferior— se construye una narrativa simbólica que confronta al espectador con la desigualdad cotidiana.
En el plano inferior, los cuerpos del pueblo se alinean contra el muro, en una escena que evoca la tensión de un pelotón de fusilamiento a lo García Márqez en Cien años de soledad: cabizbajos, resignados, atrapados en una escena de dolor silencioso, como esperando un trágico desenlace. Solo uno de ellos desafía la norma, erguido, con la mirada al frente, encarnando la posibilidad de resistencia. Las mujeres que rodean la escena observan con angustia, atrapadas entre el miedo y la impotencia. Este grupo representa la lucha diaria por sobrevivir en medio de la violencia, el hambre y la explotación.
La presencia del canino refuerza la narrativa de la tragedia; se presenta como un compañero esencial del pueblo, simbolizando la lealtad y el instinto que persisten incluso frente a la muerte inminente.
En contraste, el plano superior muestra a una pareja acomodada tomando el sol, ajena al sufrimiento que se despliega bajo sus pies. Su actitud despreocupada encarna la indiferencia de las élites frente al dolor colectivo. El chulo que los acompaña, ambiguo entre mascota y carroñero, refuerza la atmósfera de espera y oportunismo.
El plátano adherido al muro —referencia directa a la obra de Maurizio Cattelan— se convierte aquí en símbolo de la desidia institucional, la banalización del sufrimiento y la degradación ética y estética de una sociedad dominada por el espectáculo, la corrupción y el hambre de poder.
La propuesta artística se sostiene en el uso del surrealismo como herramienta de denuncia, combinando elementos absurdos con una atmósfera solemne para revelar las tensiones entre poder y pueblo, entre lo visible y lo ignorado. La obra no busca respuestas, sino provocar preguntas: ¿quién observa?, ¿quién actúa?, ¿quién se beneficia del silencio?

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Titulo: 533
Tecnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 2 mts X 1.8 mts.
Año: 2025.
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En esta obra, dos figuras emblemáticas del humor colombiano se encuentran en una escena cargada de tensión simbólica y crítica social: Heriberto de la Calle, personaje creado por Jaime Garzón, y Juanpis González, encarnado por Alejandro Riaño. El primero, un lustrabotas lúcido y mordaz, representa la voz del pueblo que incomoda al poder con preguntas incómodas y verdades desnudas. El segundo, un dandy de clase alta, caricatura de privilegios heredados, encarna la arrogancia de una élite que se burla de su propia impunidad.

Ambos están situados en un salón de lujo, donde Heriberto lustra los zapatos de Juanpis. Esta acción, aparentemente cotidiana, se convierte en una metáfora brutal: el pobre sigue sirviendo al rico, no como gesto de convivencia, sino como evidencia de una estructura social que perpetúa la desigualdad. La sonrisa de Heriberto no es sumisión, sino ironía; la postura de Juanpis no es comodidad, sino indiferencia.

Detrás de ellos, un cuadro histórico amplifica el mensaje: la llegada de los europeos a América, ese supuesto “descubrimiento” que inauguró siglos de saqueo, sometimiento y despojo. Los indígenas, arrodillados ante el conquistador, reflejan el mismo gesto que hoy repite Heriberto frente a Juanpis. La obra nos recuerda que han pasado 533 años y el guion sigue intacto: el rico arriba, el pobre abajo. La servidumbre se ha sofisticado, pero no ha desaparecido.
Este montaje visual no solo denuncia la continuidad de las jerarquías coloniales en el presente, sino que interpela al espectador desde el humor, la incomodidad y la memoria. Es una invitación a mirar más allá del chiste, a reconocer en la sátira una herramienta de resistencia, y en el arte, un espejo que no miente.

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Titulo: El Salvador
Tecnica: Óleo sobre lienzo
Autor: Ricardo Lagos
Dimensiones: 2 mts X 1.8 mts.
Año: 2025.
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Esta obra de fuerte carga simbólica fusiona iconografía religiosa, cultura popular y crítica social en una escena que interpela al espectador.
La obra propone una lectura surrealista del intervencionismo, representando al superhéroe como figura que irrumpe en uno de los momentos más sagrados de la tradición cristiana. Esta apropiación visual sugiere una crítica a la forma en que el poder en general ha intervenido en narrativas y espiritualidades ajenas, reconfigurando símbolos y destinos.
«El Salvador» es una meditación pictórica sobre el mito del salvador, la colonización simbólica y la resistencia cultural. A través de una estética cinematográfica y una narrativa cargada de tensión, la obra invita a repensar los relatos impuestos y a recuperar la dignidad de las historias propias.

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Titulo: Sin título
Tecnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 2 mts X 1.8 mts.
Año: 2025.
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La obra presenta una escena cargada de ambigüedad simbólica; contrapone poder y vulnerabilidad. Revela la tensión entre apariencia de ternura y abuso encubierto. El gesto del sacerdote, aparentemente paternal, se transforma en una metáfora de manipulación encubierta, donde la manzana, adquiere un peso perturbador.

La escena, maquillada de calma y dulzura, encierra una denuncia silenciosa sobre dinámicas de poder, vulnerabilidad y engaño.
La obra invita al espectador a descubrir por sí mismo lo que verdaderamente está sucediendo. Es un ejercicio de mirada crítica, donde la escena de inocencia aparente se convierte en umbral para desvelar lo incómodo, lo oculto y lo éticamente urgente e incorrecto.

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Titulo: Durme mi niño. todo está bien.
Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 2 mts X 1.8 mts.
Año: 2025.
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A primera vista, la obra nos sitúa ante una iconografía familiar y reconfortante: la de una madre que estrecha a su hijo en un gesto que evoca la devoción de las Madonas coloniales. Sin embargo, esta aparente serenidad es el velo de una realidad devastadora.

La presencia del ave multicolor aporta una capa de simbolismo místico a la escena. Mientras su plumaje vibrante y su vuelo parecen representar la esperanza, la espiritualidad o el alma que busca elevarse, su cercanía al rostro del niño acentúa la fragilidad del momento. El ave actúa como un mensajero entre dos mundos: la belleza etérea del paraíso soñado y la cruda materialidad del sacrificio.

La pieza subvierte la calma del arquetipo religioso para confrontarnos con un escenario de conflicto y pérdida. Mientras la luz baña el rostro de la mujer, el fondo revela una narrativa de violencia: casas consumidas por el fuego que transforman el entorno en un territorio en llamas.

El eje de la obra reside en la fragilidad del niño. La frase «Duerme mi niño, todo está bien» se convierte en una promesa desesperada o en un lamento final. La sutil presencia de sangre en la comisura de sus labios rompe la ilusión del sueño; no se sabe si el infante descansa o si ha sucumbido a la tragedia que arde a sus espaldas.

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Titulo: Angustia
Tecnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 2 mts X 1.8 mts.
Año: 2025.
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Dentro del proyecto «Desde mi paraíso», la obra «Angustia» actúa como un recordatorio visceral de que este territorio onírico no es una fuga de la realidad, sino un escenario donde se procesan las complejidades del alma humana. En esta pieza, el paraíso deja de ser un refugio de paz absoluta para revelarse como un espacio cargado de una tensión emocional profunda.

La figura infantil encarna la fragilidad frente a las narrativas de un mundo que, aunque se presente como un edén, no puede ocultar sus sombras. En este contexto, la angustia no es solo una emoción individual, sino una crítica poética a la normalización del sufrimiento.

La obra nos obliga a reconocer que, en la geografía de este paraíso personal, la luz más radiante convive siempre con el rastro de la pérdida y el espanto de lo humano.
A través de esta pieza, nuevamente invito al espectador a no apartar la mirada de lo incómodo, proponiendo que la única forma de habitar un paraíso verdadero es aceptando y dignificando las lágrimas que nacen de su propia belleza.

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